El Desafío del Perdón, columna editorial de Luis Figueroa Luna
por Luis Figueroa Luna
¿Puede usted perdonar? ¿Puede perdonar al hijo desagradecido, al amigo que traiciona la confianza, al vecino que desparrama chismes dañinos? ¿Pueden perdonar los cónyuges, que se critican constantemente el uno al otro frente a los demás?
Nadie que contenga amargura en su corazón podrá vivir en paz, es un veneno para el alma y puede transformar completamente el carácter de una persona, generando dureza, severidad, rencor y odio, por lo tanto no podrá tener ni reflejar paz.
La amargura se manifiesta en las palabras de la persona, ya que su conversación se basará en ofensas o en heridas sufridas y además detonara el deseo de venganza contra aquellos que considera responsables de éstas.
Un espíritu amargo es difícil de tolerar, a menos que seas uno de ellos, un amargado atrae más amargados.
Pero bueno, debemos liberarnos de todo este lastre y que comenzar la sanación de nuestras heridas perdonando a todos aquellos que «nos la deben», sé que se dice fácil cuando en la realidad es difícil y complicado para la gran mayoría, sin embargo, es sumamente necesario y ademásliberador.
Así que es momento de perdonar todas las ofensas recibidas, esto liberara al ofensor de todo lo que debe y de igual manera libera a la persona ofendida del peso del dolor.
Perdonar literalmente significa «dejarlo ir» ¿Les suena familiar? Les aseguro que no lo saque de «Frozen» la película, si no de su origen griego, entonces perdonar es la acción de liberar o soltar a la persona que nos ha ofendido.
¿Que ganamos con perdonar? Al concretar esta acción no solo estamos desatando al ofensor, si no también obtenemosla llave para nuestra libertad, de lo contrario permanecemos atados al odio, al rencor y al resentimiento sin poder ver la vida libremente, con amor y esperanza.
¡Libera y perdona a quien te ha ofendido!
Regresando al «dejarlo ir», no es que olvidemos lo sucedido sino que olvidemos el dolor y el resentimiento causado, lo cual nos será de gran ayuda.
Una gran herramienta para poder lograr esto es practicar la “memoria distraída”.
¿Cómo funciona? Resulta que olvidar es una función natural de la memoria que sencillamente nos ayuda para hacer espacio en nuestro consciente, lo cual nos permitirá almacenar más experiencias positivas que negativas. Por ejemplo podemos olvidar rutinas, experiencias penosas y el dolor que estas nos han causado.
Y todas esta información se vuelve automáticamente un aprendizaje en el subconsciente, es como andar en bicicleta, uno no anda pensando todo el día en cómo manejarla, ni tampoco recordando todos los raspones que te generaron el aprendizaje, simplemente en el momento necesario sacamos el conocimiento del subconsciente y podemos hacerle frente al reto.
Bien, entonces primero es necesario olvidar la emoción que acompañó la experiencia dolorosa para qué después tengamos la capacidad de perdonar para poder encontrar la paz y tranquilidad qué todos necesitamos.
Llegado este momento sentirás la fuerza de tu espíritu y te sorprenderá cómo actúa, independientemente de tus convicciones religiosas, las tengas o no, te sentirás como se te quita un peso de encima y tu alma se libera.
La vida de cada ser humano tiene su porción de dolor, pero no es necesario acumularlo, mucho menos acarrearlo por el resto de nuestras vidas.
Todos los días la gente hace las paces con el pasado, consigo mismos y con los demás, apóyate en un Dios lleno de amor para recibir valor y confianza, a través de su gracia y de tus propios esfuerzos, podrás conocer el regocijo de hoy y la esperanza del mañana.
¡Decide perdonar y serás libre!


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