IL CAPODANNO
Gran cierre con fuegos artificiales en el puerto de Veracruz.
/ por Sergio Arias /
Decía Antonio Gramsci que odiaba “esos años nuevos de fecha fija que convierten la vida y el espíritu humano en un asunto comercial con sus consumos y su balance y previsión de gastos e ingresos de la vieja y nueva gestión”.
De ahí su aspiración para que cada mañana fuera un año nuevo para él y por tanto señalaba que: “Cada día quiero echar cuentas conmigo mismo, y renovarme cada día. Ningún día previamente establecido para el descanso. Las paradas las escojo yo mismo, cuando me siente borracho de vida intensa y quiera sumergirme en la animalidad para regresar con más vigor”. Estas frases polémicas sin duda, fueron escritas por el marxista italiano por allá del 1 de enero de 1916 bajo el título Odio il Capodanno (odio al año nuevo).
Se trata sin duda de una lucha en contra del conformismo, el consumismo y para ponerlo en términos actuales en contra de todo aquello que arrebate la razón y el sentido común. Nada de arbolitos, esferas, regalos, calzones rojos o amarillos, comer uvas o sacar a pasear las maletas, es por el contrario realismo puro y duro.
Quizá las opiniones de Gramsci, contrastan con todo el fervor que el consumismo nos hace caer año con año (aún en aquellos que se dicen revolucionarios) en estas fechas de supermercados llenos, tráfico, viajes, encuentros y desencuentros familiares, comida, bebida y embriaguez; o como lo señala Gilles Lipovetsky donde la fiebre del confort y las diversiones sustituyen las pasiones nacionalistas y a la revolución.
Por ello, más allá del significado de renovación del año nuevo, la renovación debe ser personal, a diario y constante. Es vivir intensamente sin saber si habrá un mañana o, si por el contrario deberíamos trazar nuestros planes como si fuéramos a vivir por mucho tiempo.
Por otro lado, los no creyentes también celebramos las fiestas decembrinas, al igual que los cristianos vamos a las reuniones y aprovechamos la oportunidad de ver y convivir con familiares y amigos, así como dar y recibir regalos; o como decimos con cierto tono bromista: soy ateo, pero voy a las posadas.
Es como lo que en algún momento señaló Richard Dawkins: no celebramos tampoco el nacimiento de Jesús, ni la venida del hijo de alguna deidad. Nos adaptamos a esta celebración en razón de que creemos en la libertad de las convicciones éticas, de conciencia y de religión “y no queremos perder el tiempo criticando nacimientos o árboles de Navidad como se hace en otras latitudes, pues es innecesario y contraproducente”. En tanto llegan Santa Claus y los reyes magos, la revolución puede esperar.
A los lectores y amigos les deseo un 2024 lleno de prosperidad.
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