Los actos de bondad, de misericordia y de servicio, dan felicidad y atraen felicidad
¿Quieres en verdad ser sano?
/ Por Roberto López Barradas /
Los actos de bondad, de misericordia, de servicio, son los más gratificantes, nos dan una satisfacción personal por haber tenido un gesto de ayuda con alguna persona, ya sea que lo necesite de manera apremiante o simplemente por habernos nacido hacerlo en ese momento y a esa persona(s).
Estoy convencido de que cuando le alegro el día a alguien, Dios me alegra el día a mí, cuando logró poner una sonrisa en la cara de alguien, Dios pone una sonrisa en mí; creo firmemente que cuando se trata de vivir siendo generoso con los demás, nuestra vida se vuelve más gratificante, y la sensación de ser útil es aún más reconfortante. Al poder ser de bendición para los demás, Dios nos bendice también.
Los actos de bondad, generosidad y servicio traducidos en beneficios o ayuda para
nuestro prójimo, siempre hablarán por si solos de cuál es nuestra personalidad, lo que hay en nuestro corazón, como un reflejo del amor de Dios manifestado a través de los hechos. Podemos decirle a alguien que lo amamos, pero si hacemos algo por esa persona, nuestro amor se volverá tangible; empezando por nuestra familia, al hacer algo en casa por ellos, como servir la comida, tender la cama, ordenar su ropa, regalarle esa prenda o artículo que tanto anhelaban, y muchas otras que producirán un efecto doble, dándole felicidad en primer lugar a nuestro seres amados y de igual forma a nosotros.
Por otro lado, dice un dicho de uso común, que los hechos hablan más que mil palabras, por ejemplo cuando ayudas a alguien en la calle a recoger las monedas que se le cayeron, cuando vas manejando y cedes el paso a una persona que va a cruzar, cuando permites que pase otro vehículo antes que tú; cuando donas dinero para las personas que sufrieron pérdidas económicas, materiales o hasta humanas por alguna catástrofe climatológica; cuando participas en la colecta de víveres, de ropa, de útiles para llevar las personas que están pasando por necesidad.
Esto no se va a lograr pensado que puedo obtener de los demás, sino que puedo dar; hay que vivir buscando la forma de ayudar a alguien más y no esperar todo el tiempo la ayuda; es pensar que puedo hacer por ti y no que puedes hacer por mí, con la convicción de que hay mayor bendición en dar que en recibir, como lo dicen las sagradas escrituras en el libro de los Hechos 20:35:
“En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir”.

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