EL SABINA, ESE QUE CANTA
/ por SERGIO ARIAS /
Hoy la globalización, el mercado y OCESA acaparan el monopolio de los conciertos en nuestro país. Ir a un recital de tu artista favorito resulta casi inaccesible a no ser a costa de un enorme sacrificio personal, el pago a crédito o la compra con los revendedores implica un alto costo para los consumidores, en una sociedad donde la recreación debería tener un componente social y cultural.
Marx creía que la cultura debería ser accesible para todos y que las actividades recreativas podrían fomentar la solidaridad y la comunidad entre los individuos. La recreación en una sociedad podría ser vista como una forma de fortalecer los lazos sociales y construir una comunidad más cohesionada.
Sin embargo, con los conciertos pasa algo similar que con los estadios deportivos. Los que anteriormente eran lugares de convivencia común, se transformaron en espacios de exclusión donde los palcos, las zonas preferentes, los espacios VIP alejan cada día más la convivencia cotidiana y contribuyen al clasismo meritocrático. En su texto Lo que el dinero no puede comprar, Michael J. Sandel se ha referido sobre la desigualdad en la sociedad al cuestionar el alto costo de las entradas y el acceso a los eventos pueden reflejar y perpetuar desigualdades económicas.
Expreso lo anterior, ya que inicia lo que al parecer será la última gira del cantautor español Joaquín Sabina. Siempre lo he dicho. Prefiero al Joaquín Sabina de los primeros discos, del que escribía desde las entrañas de donde han salido los mejores versos para sus canciones. No es que el de ahora no me guste, pero creo que sus mejores canciones son las de sus primeros discos.
Sin embargo, la nostalgia vende y vende bien. Al prefigurarse como su última gira los precios de las entradas obviamente se incrementen y en la reventa mucho más, lo que hace imposible que los Sabineros originarios -esos que gastan más de lo que ganan y viven de lo puesto menos un botón- puedan asistir.
Personalmente, recuerdo bien que mi primer encuentro con su música fue en un programa de rock en español de una estación de radio de Minatitlán Veracruz que conducía Alejandro Luria entre los años 1987 y 1988; la canción que ponía al aire era la “oiga doctor”, de inmediato el sonido rockero y las buenas letras capturaron mi atención, de inmediato me dediqué a buscar sus discos los cuales me acompañaron toda la vida.
Si bien acudiré a verlo a pesar de mi inconformidad aquí expresada, no deja uno de sentir la nostalgia de aquellos tiempos en que Joaquín Sabina no era tan famoso y nosotros éramos más jóvenes y lo pudimos ver en espacios a media capacidad, con boletos a precios accesibles y tocando muy buenas canciones. Cuando la vida era dura, distinta y feliz; y no había un Ticketmaster hurgando en nuestras carteras.
Finalmente:
Larga vida al maestro Joaquín Sabina.
Deja un comentario