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México y su larga relación con la brujería

/ por ROCÍO MAY /

Uno de los aspectos que más han estado presente a lo largo de la historia de México es lo que hoy conocemos como brujería, un tema que, a pesar del avance de los siglos, sigue presente en la sociedad mexicana pues estoy segura de que más de uno creció con alguna historia relacionada con tan misterioso asunto.

Pero al igual que las historias crecimos con la censura que conllevan tales prácticas.

Censuras que no comparto, ya que todos somos libres de creer lo que deseemos.

Sin embargo, censuro que las personas usen y abusen de la desesperación de aquellos que genuinamente buscan una solución o que hagan uso de un poder para atacar impunemente.

Pero, ¿alguna vez alguien se ha cuestionado por qué tenemos estas creencias acerca de este tema?

Bueno mis solitarios, la mística que envuelve a la brujería en México tiene orígenes en la época prehispánica. Los distintos grupos indígenas asentados en diferentes zonas –los nahuas específicamente– concebían que las enfermedades eran de origen sobrenatural.

Los antiguos pobladores creían que una enfermedad era un castigo para quienes habían cometido una falta contra de los dioses, o bien, algo relacionado con las ofrendas o rituales que se les debía hacer periódicamente.

Por lo tanto, para curar a un enfermo se recurría a los especialistas, quienes recibían distintos nombres, según la parte afectada, aunque de manera general se les llamaba Ticitl.

Sin embargo, a la llegada de los españoles al territorio y la introducción del catolicismo, la religión, las creencias y, por lo tanto, las prácticas “mágicas” sufrieron un gran cambio; los dioses fueron reemplazados por la figura de los santos y, por primera vez, el concepto de Dios y el diablo se introdujo en estas prácticas.

Por este motivo, los sacerdotes y especialistas indígenas terminaron por caer en el desprestigio y ser perseguidos por las autoridades eclesiásticas, y su lugar pasó a ser tomado por las figuras de las brujas, curanderos, chamanes, espiritualistas, etc., quienes surgieron de la mezcla de creencias europeas, indígenas y esclavos africanos traídos al territorio.

Actualmente, la figura de la bruja sigue vigente, y un gran número de personas acuden a estas personas que, valiéndose de hierbas, veladoras, oraciones, papel cortado, aceites, muñecos u otros objetos, buscarán cumplir con la tarea encargada, que puede ser desde la curación de enfermos, encontrar o retener el amor; tener éxito en los negocios, abundancia o, bien, para propósitos más perversos: dañar a otra persona.

El porqué lo hacemos, a pesar de los avances en la ciencia y la medicina, puede variar según la persona: espiritualidad, herencia cultural, búsqueda de soluciones, autoconocimiento personal o la más popular y conocida, hacer daño a un tercero o terceros.

Pero la duda queda en el aire: ¿cómo saber que la persona realmente tiene el conocimiento para realizar tales actos?

Las probabilidades de caer en manos de charlatanes que podrían elevar sus costos cada vez que la persona acuda a buscar su ayuda y crear una dependencia psicológica, pues, en la búsqueda de soluciones, ¿no somos capaces de creer en lo imposible? A momentos desesperados, medidas desesperadas.

Agregando al panorama que, desafortunadamente, la única forma de saber si los servicios de la persona funcionan es clásico de boca a boca que ya todos conocemos.

Sin embargo, si las soluciones a los problemas se ponen en el plano “del todo puede ser” y en la idea, que si no me lo resuelve la ciencia, me lo resuelva la magia, las personas también pueden caer en una situación aún más peligrosa: que el remedio salga más caro que la enfermedad.

Pues historias de todo tipo abundan sobre que el desconocimiento termina pasando factura; el desconocimiento es y siempre será muy peligroso, en especial en temas que conciernen a lo sobrenatural y entidades que están fuera de nuestra comprensión.

Por lo tanto, quisiera compartir dos de las tantas reglas que funcionan en la magia al momento de practicarse, y espero sean dichas a todas aquellas personas que recurren a ella:

1.- La magia se devuelve multiplicada según la intencionalidad por 3 o por 6. No es un juego, así que antes de realizarla debes considerar si estás dispuesto a entrar en este mundo desconocido.

Esta creencia, las wiccas la conocen como la tripe ley o regla de tres: la energía que pones en el mundo te será devuelta tres veces.

2.- El equilibrio tiene un precio: lo que recibes debe ser devuelto de la forma correcta. Todo acto corresponde a un pago y este debe realizarse.

Dicho esto, queda claro que nada es gratis en esta vida y la magia tampoco es la excepción.

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