AGENCIA DE NOTICIAS

El ruido, los influencers y las verdades a medias en Coatzacoalcos

( por EL REPORTERO PORTEÑO)  

COATZA EN VOZ BAJA

Conviene poner las cosas en su justa dimensión. La Bebesota Viral no es una figura artística consagrada ni pretende serlo —al menos todavía—. Es una chica que canta, que busca hacerse visible, que aspira quizá a convertirse en una versión local de Karol G, de esas que hoy dominan el algoritmo más que los escenarios. No es “la artistota”, y tampoco pasa nada por decirlo.

Su intención fue clara: viralizarse. Para eso llegó a la antigua zona de cubetas con un carrito y un equipo de sonido considerable, buscando que su música sonara donde antes se reunía la gente. El detalle es que hoy ese lugar ya no se llena. No porque falte ánimo, sino porque corren a quien intenta quedarse. Eso ella lo sabía. Aun así, eligió ese punto, quizá porque simbólicamente sigue representando visibilidad.

Pero el debate nunca fue realmente sobre ella.

En el otro lado están los corredores, particularmente el grupo Wellness, encabezado por Juan Arjona. Empresario conocido en Coatzacoalcos, con varios negocios, ex candidato a diputado por Movimiento Ciudadano y promotor activo del running como estilo de vida. Hasta ahí, todo en orden.

Resulta curioso —aunque no ilegal ni incorrecto— que alguien que vende pizza impulse un grupo dedicado al bienestar físico. Pero como dice el dicho, cada santo a su iglesia. Lo que sí vale la pena aclarar es que pertenecer a ese grupo no es gratuito. Se paga una mensualidad. Es un servicio privado que utiliza un espacio público.

El problema surge cuando la narrativa se acomoda. Porque parte de la cobertura mediática ha sido claramente favorable, sin demasiadas preguntas incómodas. Algunos reporteros publican versiones oficiales, elogios y comunicados, pero rara vez profundizan. No investigan. No contrastan. No explican quién paga, quién decide y bajo qué criterios se permite o se prohíbe el uso del malecón.

Y mientras tanto, el Ayuntamiento se agarra de todo esto para sostener su argumento favorito: que en esa zona “está la delincuencia”.

Desde noviembre de 2025 se restringió el área, se prohibió el consumo y se detuvo a personas por tomar en vía pública. Medidas visibles, sí.

Resultados reales, no tantos. Porque la violencia en Coatza continúa y la seguridad sigue siendo una promesa incumplida.

No se trata de defender a una cantante improvisada ni de atacar a corredores organizados. Tampoco de negar la importancia del deporte o la necesidad de orden. Se trata de algo más básico: la ciudad no puede administrarse con verdades a medias.

El espacio público no debería depender de quién tiene mejor relación con la autoridad o mejor cobertura mediática. Ni de quién suena más fuerte —con bocina o con influencias—.

Al final, el ruido no está en la música ni en los pasos de los corredores.
El ruido está en lo que no se dice.

Y en lo que pocos se atreven a investigar.

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