No te abandones en medio de los problemas
A woman happily plans her rent savings alongside bills and a calculator
Por Roberto López Barradas
Sé que este tema ya lo hemos abordado en varias ocasiones en entregas anteriores, y aunque pudiera parecer repetitivo, esta vez quiero dedicárselo a las personas que están pasando por momentos difíciles, ya sea de salud, económicos, sentimentales, laborales, emocionales o por una pérdida de cualquier tipo: un ser querido, un matrimonio, un empleo, un órgano del cuerpo, una mascota.
De todas esas circunstancias que nos pueden estar causando dolor, aflicción, tristeza, coraje, angustia o desesperación, lo primero que quiero que sepas, es que no eres el único, tampoco el primero ni el último en pasar por esa misma situación.
Es muy común, que quien está atravesando por algún problema, una mala racha o una pérdida, piensa que nadie más puede estar pasando o ha pasado por algo similar; porque nos causa tanta aflicción, tristeza o dolor, que piensa que no hay nadie más que lo supere; como dice la canción de Francisco Céspedes: Que lejos «… pregúnteme del mal, pa’ que compare, si nunca hubo uno igual al de mi historia, lo de uno será siempre inigualable, y más cuando en el alma, la nostalgia
asoma…»
A veces, es tan fuerte el sentimiento de estar viviendo esa situación, esa pena, ese momento, que no existen ganas de socializar, y no me refiero a caer en una depresión o crisis de ansiedad, sino a una condición de pena, de abandono, de retraimiento; se llega al extremo de sentirse tan mal, que al salir a la calle te sientes señalado, como si los demás supieran exactamente lo que estas padeciendo, viviendo o sufriendo; sentir que las miradas, los dedos, te apuntan diciendo: ¡mira, ahí va, pobrecilla o pobrecillo, está tan mal! Que por ello es preferible, no hablar con nadie, no visitar a nadie, ni siquiera voltear a ver a los demás, sólo quieres caminar como un fantasma, sin ser visible, ignorado, para no causar lástima.
Pero por más triste, dolorosa o deprimente que pueda ser una situación, no puede durar toda la vida, como dice el dicho, no hay mal que dure cien años, mi nadie que lo resista; no te puedes abandonar llegando a ser objeto de la conmiseración de los demás. Tienes que empezar por fortalecer tu amor propio, quererte, amarte, respetarte, cuidarte.
Debes alimentarte bien, tratar de dormir bien, de hacer un poco de ejercicio, cambiar y mejorar tus hábitos, volver a tu rutina y recuperar tu vida, por ti, por tu familia, por los demás, por quien te quiere. Trabajar en ti mismo desde el amor y la comprensión. Debes de empezar por quererte, tratarte bien y cuidar de ti mismo.
Tenemos sentimientos, emociones y temores que al pasar por un problema, circunstancias adversas o un duelo, suelen potencializarse más, pero debemos considerar que toda pérdida, tiene una ganancia. Debemos regular nuestras emociones, pero eso es otro tema que dejaremos para la siguiente columna.
Para concluir, quiero hacerte saber, que si alguien conoce y sabe lo que estamos viviendo y cuánto peso podemos soportar, es Dios. Él no nos dejará llevar una carga más pesada de la que podamos llevar, ni nos pondrá en una situación adversa de la que no podamos salir. Nos observa, nos cuida y nos guía con su amor, con su infinita bondad y nos cubre con su gracia.
Debemos orar y descansar en Dios, y en sus promesas, así como lo dice su palabra en el libro de Jeremías 29:11: «Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de ustedes, dice el Señor, pensamientos de paz y no de mal, para darles el fin que esperan.»
¡Ánimo, Dios te bendiga!

Deja un comentario