AGENCIA DE NOTICIAS

EL JUSTO EQUILIBRIO.

Man in suit speaking passionately at a courtroom hearing to a seated man in a suit

A tense courtroom scene during a formal judicial hearing in Mexico City

/ por Sergio Ruiz Arias /

Los abogados somos una especie de sistema operativo de la sociedad: estamos presentes e influimos en prácticamente todos los ámbitos de la vida humana. Participamos en el ejercicio del poder y en los procesos revolucionarios; intervenimos en la salud y la enfermedad, en la vida y la muerte, en el amor y la separación; estamos en las grandes estructuras financieras y también en las luchas sociales.

Nuestra labor atraviesa las distintas dimensiones de la convivencia humana. En ese sentido, los abogados participamos en la construcción, interpretación y transformación del orden social y político en marcha, una sociedad que, cabe señalar, no podría existir sin un conjunto de normas e instituciones que regulen las relaciones entre las personas, los poderes y los intereses colectivos.

Los abogados en parte somos garantes del abuso del poder y de las venganzas personales, sin un juicio de amparo, el gobernado estaría inerme frente al abuso del poder, sin un código penal la sangre desbordaría al papel que parafraseando a los viejos marxistas no se podría evitar que los pobres mataran a los ricos.

Varios líderes importantes de la Independencia tuvieron formación jurídica o ejercieron como abogados. Entre ellos destacan: Ignacio López Rayón, Carlos María de Bustamante o Andrés Quintana Roo. Guadalupe Victoria: inició estudios de Derecho, pero no llegó a titularse como abogado, ya que los abandonó para unirse a la lucha por la independencia.

El jurista uruguayo Eduardo Couture no los recuerda: “tu deber es luchar por el derecho; pero el día que encuentres en conflicto el derecho con la justicia, lucha por la justica”.  Es precisamente ahí donde se puede encontrar el justo equilibrio, los abogados estamos en todas partes porque todo conflicto humano se traduce en palabras y quien domina las palabras domina el marco del conflicto.

En el ejercicio del poder, el abogado interpreta, aplica e incluso cuestiona las normas que regulan el ejercicio del poder. Su función no es solo técnica, sino también ética y política; cuando el abogado es un funcionario del Estado, aplica las leyes y contribuye al funcionamiento de las instituciones, proporcionando seguridad jurídica y estabilidad al ejercicio del poder.

Por otra parte, cuando la lucha revolucionaria busca la transformación del sistema imperante, su aportación a la lucha revolucionaria radica en que se convierte en un agente de transformación social, utilizando el derecho y la reflexión jurídica para cuestionar un orden considerado ilegítimo y contribuir a la creación de uno nuevo.

En el ámbito financiero, los abogados desempeñan un papel esencial al estructurar y revisar contratos, asesorar a instituciones bancarias, empresas e inversionistas, y garantizar el cumplimiento de las disposiciones financieras y fiscales. Asimismo, participan en la prevención y solución de controversias mediante la negociación, el arbitraje o los procesos judiciales. Su intervención aporta seguridad jurídica al sector, elemento indispensable para fortalecer la confianza de los actores económicos, promover la inversión, facilitar el acceso al crédito y favorecer el desarrollo y crecimiento económico.

A partir de los ejemplos anteriores, podemos observar que el desarrollo profesional de los abogados cumple una función social e institucional de gran relevancia. El abogado no ejerce su actividad de manera aislada, sino dentro de un entramado de instituciones. Por ello, su desarrollo profesional depende no solo del dominio técnico de la disciplina jurídica, sino también de su capacidad para comprender, participar y actuar eficazmente dentro de las instituciones que estructuran la vida social y política.

Finalmente debemos considerar que uno de los retos de la profesión no consiste únicamente en adquirir conocimientos técnicos o alcanzar éxito económico como frívolamente se muestra en series, películas o programas televisivos sobre abogados, donde se privilegia el drama sobre una representación fiel del ejercicio de la abogacía. Aunque pueden interesar al público al mundo jurídico, también pueden reforzar la falsa idea de que el abogado es únicamente un estratega maniqueo que busca ganar casos, cuando su función ética y social es contribuir a la justicia, proteger los derechos y fortalecer el Estado de derecho.

Hace unos días conmemoramos en México el Día del Abogado; esta fecha representa una oportunidad para reflexionar sobre los desafíos que enfrenta nuestra profesión.

El principal reto consiste en comprender críticamente el papel de la abogacía dentro del Estado y la sociedad, asumiendo la responsabilidad de ejercer el derecho con rigor intelectual, sentido ético y eficacia institucional.

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A tense courtroom scene during a formal judicial hearing in Mexico City

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